Efrain Augustinoy y su nueva obra: Arquitectonic

Hay un mundo nuevo apenas se cruza el umbral del estudio Augustinoy & Augustinoy.
Un universo de anécdotas, generosamente compartidas, se despliegan en un ambiente cálido impregnado de arte en cada rincón.
La arquitectura, la música, la pintura y la poesía coexisten armónicamente en todos los espacios de la casa y del lugar de trabajo de este reconocido arquitecto (trompetista y pianista – pintor aficionado- amante del pato y de volar-padre de seis hijos- ex profesor de la facultad) y ahora autor de un libro pronto a publicarse: Arquitectonic.

“Fancy” Augustinoy descansa su boina en el sillón y se dispone a repasar algunos pasajes de su vida que parece, en realidad, muchas vidas en una.
En todo lo que emprendió, con todo lo que se apasionó, siempre fue un paso más allá. Nada parece haber de casual en su existencia y no habla el idioma de lo tibio, de las “medias tintas”.

Arquitectonic: “lo difícil es la simpleza”

A sus apuntes como profesor de la facultad sumaba artículos de revista que escribió a la largo de muchos años. La insistencia de sus hijos y un tema que le rondaba por la cabeza desde hacía mucho tiempo. “Siempre me preocupó la teoría aplicada de la arquitectura. Hablan de la arquitectura como si fuera un mito y la arquitectura es muy simple y mientras más simple, mejor. Lo dificil es la simpleza”, determina Augustinoy quien considera que la vivienda individual hecha a medida es el ABC de la arquitectura.
“No soy de los arquitectos que tienen su propio estilo y lo imponen. Yo creo que el gran arte de la arquitectura es saber identificar la intención del otro y con qué se va a sentir representado. Es pura psicología, en mi caso absolutamente intuitiva, porque no te lo enseña nadie. Cuando el cliente se me sienta en frente, mi gran tarea es descubrir qué quiere”.
Con lenguaje claro y coloquial e ilustraciones de Roberto Bulla, Arquitectonic verá la luz en las próximas semanas.

Una vida atravesada por el arte

Hijo de otro destacado arquitecto, a los 13 años Fancy ya trabajaba en un estudio. “Limpiaba, cebaba mates y doblaba planos, esa era mi función”. En sus tiempos libres comenzó a “despuntar el vicio” de la pintura que, años más tarde, lo llevaría a compartir una muestra con Antonio Seguí en la antigua galería Cristal de la ciudad.
Durante un año en Madrid, mientras hacía un master en Estructuras de Hormigón, tocó la trompeta en una orquesta de zarzuela. De regreso en el país, brindó un concierto en el Teatro San Martín. Después de ese evento, Fancy (quién hoy es Presidente de la Asociación Amigos del teatro San Martín) no volvió jamás a tocar ese instrumento que hoy forma parte de sus objetos preciados.

A los 41 años, un accidente con la hélice de un ultraliviano afectó su mano izquierda y lo alejaba para siempre de las canchas de pato, otro de sus máximos placeres. “Montaba de lunes a lunes durante tres horas diarias” recuerda. “Otra de mis pasiones es volar. Vuelo todo lo que vuela: aladelta, parapente, planeador, motoplaneador, avión y helicóptero. Me divierte mucho”, relata entusiasta.
El manejo del clima es básico para el desarrollo de la arquitectura, el urbanismo y el paisaje. Su vivencia, fundamental. De allí la práctica de otros dos deportes: el sky de nieve y la navegación a vela.

Su primera casa la construyó a los 24 años en el mismo barrio de zona sur donde 15 años después construyó su estudio, rodeado de verde. 40 años años más tarde, junto a el, era el turno de su actual residencia.
Los Augustinoy comparten espacio, tiempo y pasión: son 7 arquitectos en la familia.

Su primera casa. Estricta funcionalidad de las áreas, un techo de comedor de ensueño, obras de Bulla.
Objetos de Wells (uno de los precursores del informalismo en el mundo).
La originalidad en el detalle: hogar en la galería.

“Las obras son como hijos de uno”

Prolífico en lo personal y lo profesional, “Fancy” es el responsable de enorme cantidad de proyectos, muchos de los cuales han marcado un antes y un después en el urbanismo de Córdoba y en la historia del país. Entre ellos el Fortín del Pozo (primer barrio cerrado destinado a vivienda permanente) y countries consagrados como Las Delicias y Lomas de la Carolina.

Efraín Augustinoy no solo plantó un árbol (sino miles), no solo tuvo un hijo (tuvo seis) sino que ahora escribe un libro: Arquitectonic. Conociendo su historia, será el primero pero no el último.

Carolina Samamé para Ferrocons.

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