Carot: tierra de magia y fantasía

Un espacio en el que se respira orden y buen gusto. Una pareja que transmite calidez y pasión por lo que hacen y una puerta como antesala a una fábrica que rompe con todo lo convencional: techo intervenido con obras de Hora French, murales pintados, maquinaria de primer nivel y un software que aporta la tecnología necesaria para hacer, de Carot, una carpintería de excelencia.

Santiago y Raquel son marido y mujer y los protagonistas de este encuentro. El escenario: el showroom y la fábrica que coexisten en “la Intercountry” de la ciudad y que se conectan por una imponente puerta que reza NARNIA.
Del mundo de fantasía creado por C.S. Lewis para sus novelas infantiles al que crearon ellos para canalizar su pasión y para recibir a quienes creen en la magia del diseño de autor.

Una fábrica de caprichos con “trajes a medida”

“Todo lo que hacemos es 100% a medida. Podemos adaptarnos a la necesidad particular de cada cliente (en cuanto a dimensiones) como a su estilo también. Decimos que somos un traje a medida. Lo que el cliente necesita lo podemos hacer” explica Santiago Carot, quien estudió arquitectura y estuvo vinculado al diseño desde temprana edad. Hijo de una de las primeras y más destacadas decoradoras, Santiago ganó (con 17 años) un premio de DyD al expositor más joven y ese fue, para él, el punto de inflexión para terminar de inclinarse hacia este mundo.

Raquel Astorga llegaría años más tarde para completar el tándem de éxito. Relacionista Pública y Comunicadora Social, “la flaca” (como la llama su marido) aporta la versatilidad propia de esas carreras madre. “Nos conocimos, empezamos a trabajar juntos y ahí me involucré. La verdad que es un mundo muy apasionante, si te gusta el diseño empezás a enamorarte. Aprendí a usar todas las herramientas, a manejar un programa muy específico, a leer planos y me animé”, rememora tras 14 años juntos.

 

Amor por el orden

El plus: la relación con los clientes

La excelencia y la empatía se manifiestan en cada metro cuadrado de este espacio que ocupan en Av. Los Alamos al 355. Por esta razón, la entrevista con quienes llegan a Carot tiene una especial relevancia para Santiago y Raquel. El arte de conocerlos e interpretarlos es otro de los valores agregados de esta carpintería de autor.

“Nos gusta involucrarnos mucho con nuestros clientes, con los chicos, conocer sus gustos, saber donde prefieren guardar sus juguetes, ver donde van a poner la mochila. Hacemos una iniciación al orden, lo sienten propio, diseñan su placard y para nosotros es super gratificante”, cuenta Raquel.

El servicio personalizado es una de las máximas de esta empresa que nació en el año 2002. “Nosotros brindamos un servicio atendido por sus dueños, no damos un teléfono comodín; se van con nuestros teléfonos personales. Eso genera una enorme tranquilidad. Con el local y la fábrica pasa lo mismo. El cliente llega, cruza esa puerta y su mueble tiene que estar ahí”.

Y ese “ahí” del cual habla Santiago no es cualquier lugar, no es el galpón tradicional que uno pudiese imaginar. El ingreso a “Narnia” es toda una experiencia vivencial y lúdica.

Narnia
Del otro lado de la imponente puerta de ingreso a la fábrica Carot conviven el arte, la tecnología y demás elementos bajo un denominador común: el orden. “Con este galpón sacamos la idea que las fábricas tienen que ser feas, sucias, desordenadas. Nosotros vamos cada año a la feria de Milán, visitamos las empresas de donde traemos las máquinas y creo que, de ahí, tenemos un aporte cultural en cuanto al orden y la limpieza. Creemos en el principio de las 5S (técnica de gestión japonesa) y de cómo, a la larga, esto trae una empresa más rentable” comparte Santiago.

En “la Narnia cordobesa” cuelgan del techo las obras del artista Hora French que formaron parte del carrusel (cazador-presa) que expuso años atrás en el Museo Caraffa. Un mural pintado por Sol Malvis, el logo con el gallo (símbolo de Francia, país del que desciende el apellido Carot), un cartel gigante con las etapas del proceso (desde que se genera la oportunidad hasta que se entrega el mueble), maquinaria de última tecnología y un software que también es un robot y que asemeja el proceso al de una automotriz. “Nos permite renderizar, luego medimos en obra, ajustamos los renders y nadie más vuelve a pensar en los muebles. Si al usuario se le rompe alguna parte, yo lo busco en la nube y sale una pieza exactamente igual”.

Los otros protagonistas
Sin embargo, el capital que más orgullo despierta en esta pareja es el humano: 14 personas forman parte de esta gran familia. “Tenemos una mesa de ping pong y los mediodía jugamos todos. Eso genera un ambiente de trabajo especial. Pasamos 10 horas acá. El por favor, gracias, te felicito, no pueden faltar”, cuenta Santiago y Raquel completa: “estamos super orgullosos del equipo que armamos porque, más allá del trabajo, siempre recibimos felicitaciones por el grupo humano”.

Lo artesanal es otra “pieza clave” del engranaje Carot y quien encarna este don es Gustavo. “Es un genio, capaz de hacer cualquier cosa que le pedimos“, destaca Santiago.

“Creemos que los muebles que hacemos nosotros son bienes inmuebles y no muebles porque se tienen que amalgamar con la obra, con la casa. Los otros los podés cambiar si pasan de moda o rotar si te aburris de la casa. No así con vestidores, cocinas, baños”, complementa Raquel.

Amor, oficio, paciencia y pasión se conjugan para hacer de Carot un lugar de fantasía donde los sueños se materializan en forma de piezas únicas, a la medida exacta del soñador.

Carolina Samamé para Ferrocons

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