Pablo Dellatorre: radiografía de un espíritu libre y apasionado

Su sello es inconfundible.

Sus obras, y los materiales que elige para ellas, hablan de él. De una vinculación casi ancestral con la naturaleza, con el origen, con la pureza alejada de los artificios.

Quienes mejor lo conocen afirman que no existe nada que no sea capaz de “transformar” y que la calidez de su arte lo impregna todo, de manera ilimitada, a montones. Su estudio, montado en un taller mecánico, lo grita por todo lo alto.

Fruto de una fuerte sensibilidad con el entorno, Pablo cree y crea responsablemente y

conserva, en sus trabajos, algo de la espontaneidad de un niño, de esa visión desinhibida sin condicionamientos. Con dibujos a mano alzada, rayando paredes en la obra, con simpleza, con audacia.

Hace poco más de un año un nuevo vuelco introspectivo colocaba a Pablo Dellatorre frente a sí mismo para replantearse prioridades.

La más importante de todas: el valor del tiempo.

El resultado: una vuelta a sus inicios, a sus antiguos métodos de trabajo, más personales, más artesanales. A partir de esto, la producción de “las obras que más me gustaron”, volviendo sobre sus palabras y la gravidez de su voz.

El ADN de los materiales

El uso de materiales en crudo, que no se “maquillan”, que conservan su autenticidad, es quizá la característica más fuerte de su obra. Las maderas aparecen como son, los hormigones también, los cueros, los metales que se oxidan …

“Me banco sus defectos y su vejez”, dispara con convicción Dellatorre.

“Llegar más lejos, no más rápido”

Amante del buen comer y del buen beber, su impronta está presente en cantidad de bares y restaurantes de los polos gastronómicos más importantes de Córdoba y su huella ha traspasado fronteras.

En ellos se respira eclecticismo; se disfruta un ambiente distendido; se visualiza el contraste de los objetos y se identifican las piezas de autor cuidadosamente seleccionadas que contribuyen a generar “ese clima que siempre estamos buscando”, explica Pablo.

De CUNDEAMOR a la mágica librería de WOLLEN pasando por la icónica esquina de la primera Pizzería Popular. La marca de un estilo y de un destino.

Ochre, Almacén con mesas , galerías comerciales como Barrio o Gremio , los MILA de Santiago de Chile, “las Sifondas”.

La rebelión de la arquitectura de vivienda colectiva de la mano de Corazón de Manzana o la “casa atelier” en la Resistance.

La lista sigue. Solo son algunas de las obras que expresan la atención que Dellatorre fija en la esfera del arte (por sobre la de la tecnología) en su inagotable búsqueda de focalizar en las “necesidades del espíritu”.

Una ciudad: “¡Muy difícil! Tuve la suerte de viajar y conocer mucho durante 20 años. Me gusta el término FLANEAR, me identifica. Resume el arte de caminar por la ciudad sin buscar nada en especial; vagabundear; descubrir la piel y el alma de una ciudad. Perderse. Me seduce tanto un pueblo de Salta o Jujuy como Nueva York o París. Me voló la cabeza San Francisco y pasé un tiempo inolvidable en la Isla de Santorini. De Barcelona a Tulum … ja ja. Ámsterdam … pufff, en ese orden.

Un material: “Y … ¡soy de madera!”

Un estilo: “Me gusta el eclecticismo. La mezcla de objetos y materiales (y si es con una historia, mejor) reutilizados, rescatados. Los espacios que cuentan algo

Próximo trabajo: “Tribu , una aldea de refugios alejados del ruido para ir a hacer la tarea espiritual que nos dejó la pandemia”

Un deseo: “Un planeta sanado y limpio de egos. Vínculos sanos y despojo de cosas prescindibles. Que esta terrible vacuna llamada Covid – 19 haga un buen trabajo “

Carolina Samamé para Ferrocons.

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